Limpieza y nobleza en las ciudades de Castilla: pretensiones y consecución del estatuto por parte de Murcia (1560-1751)

Juan Hernández Franco

Resumen

La transformación del concejo-comunidad en concejo-ciudad y la consecuente restricción del gobierno urbano en manos de una minoría va acompañada en Castilla del establecimiento por parte de las ciudades (tras concesión regia) de estatutos. Inicialmente de limpieza (siglo XV) y posteriormente (siglos XVI-XVII) de nobleza y limpieza, que permitían seleccionar el acceso de familias a los oficios urbanos. En teoría los estatutos modelan un tipo antropológico caracterizado por su identificación con valores nobiliarios y con un origen cristiano viejo. Y estos estatutos urbanos, desde que son establecidos por vez primera en Toledo el año 1568, no sólo sirvieron a las ciudades que los instituyen para regular las calidades de sus regidores, sino también y a la vez para conseguir un honor social colectivo -del que se benefician sus componentes-. En concreto la ciudad de Murcia, desde fecha tempranas (156) intenta que la Monarquía apruebe su petición de estatuto. Lo consigue casi dos siglos después (1751). Entonces, el estatuto, más que probar el origen limpio de los regidores, homologa a la ciudad con otras importantes ciudades castellanas -las de voto en Cortes- que lo poseen con anterioridad y lo habían convertido en un símbolo de distinción, y sirve para sancionar corporativamente el carácter nobiliario de la oligarquía local, dueña a su vez de los oficios municipales.

Palabras clave

Siglos XVI-XVIII; Castilla (Corona); Gobierno urbano; Estatutos urbanos; Murcia; Honor social; Oficios urbanos; Oligarquía local; Limpieza de sangre; Nobleza

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DOI: https://doi.org/10.14198/RHM1998-1999.17.13





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